Mi hijo no obedece. ¿Qué puedo hacer?

Mi hijo no obedece. ¿Qué puedo hacer?

Una de las tareas más difíciles a las que se enfrentan los padres es enseñar a sus hijos a seguir órdenes o instrucciones. Nos encontramos en muchas ocasiones con padres que tienen que repetir en innumerables ocasiones una orden. Te enseñamos qué podemos hacer para lograr que tu hijo te obedezca.

Desobediencia

“Recoge tu habitación”, “Haz la cama”, “Pon la mesa”, “Vete a la ducha”… Son ejemplos de frases que los padres suelen repetir una y otra vez en su día a día. Al final, terminamos repitiendo una orden una y otra vez sin que sirva de nada. Y acabamos metidos en una lucha que genera gran tensión y frustración a los padres. ¿Por qué ocurre esto? ¿Por qué los niños no obedecen? Y… ¿Qué podemos hacer para lograr que nos obedezcan a la primera?

¿Por qué no me obedece mi hijo?

La obediencia y la desobediencia son conductas que se aprenden.

Con lo anterior queremos decir que, como ocurre con la mayoría de comportamientos, los niños aprenden a obedecer en base a las consecuencias que obtienen.

Pongamos un ejemplo: una madre le dice a su hijo que recoja su habitación y vaya a la ducha, el niño continúa jugando y parece no haber escuchado, la madre comienza a repetir la orden desde el salón hasta que llega la habitación y le dice gritando al niño que recoja los juguetes y se vaya a la ducha; finalmente, ambos acaban recogiendo los juguetes en el último momento y dejan la ducha para después de cenar. ¿Qué podemos extraer de esta situación? El niño ha logrado retrasar algo que no le gusta con su conducta de desobediencia. Además, ha conseguido que la tarea de recoger los juguetes se convierta en un momento de atención de su madre hacia él y que sea su madre quien recoja prácticamente todo. Finalmente, la ducha, algo que no le gusta nada al niño y le quita tiempo de jugar, ha pasado a otro momento. De esta manera, el niño ha logrado más rato de juego, que su madre le ayude a recoger y que se duche rápidamente y en otro momento.

Si la situación del ejemplo anterior se repite una y otra vez, enseñamos al niño que si continúa sin hacernos caso, se librará, aunque sea por un momento, de aquello que no le gusta (terminar de jugar y la ducha).

La desobediencia puede ser reforzada por la atención del adulto.

También hay veces en las que desobedecer se convierte en una forma de lograr la atención del adulto. Llevamos una vida muy ajetreada, en la que muchas veces olvidamos lo importante que es premiar o reforzar a nuestros hijos por lo que hacen bien. No hablamos de premios materiales, sino del refuerzo verbal. ¿A quién no le gusta que le reconozcan y le digan lo bien que hace las cosas? Esto no es distinto para los niños, y es importante que les enseñemos qué es lo que nos gusta que hagan y les ayudemos a que esto se repita. En este caso concreto, muchas veces pasamos por alto aquellas situaciones en las que nos hacen caso, en las que obedecen. Y, sin embargo, aquellos momentos en los que desobedecen son a los que prestamos atención, aunque sea en forma de regañina. De esta manera, estamos reforzando son conducta de desobediencia.

Cuando nos tienen tomado el pulso.

Por último, también puede ocurrir que, el niño “nos tenga tomada la medida”. Esto ocurre cuando le acostumbramos a que vamos a repetir las órdenes una y otra vez y, solo en el momento de mayor tensión y gritando, es cuando amenazaremos y seremos estrictos con que nos hagan caso. Es decir, el niño aprende cuál es nuestro límite, cuándo es el momento en que vamos a hacer todo lo posible para que obedezca. De esta manera, estirará el tiempo de no hacernos caso hasta que vea que hemos llegado a ese límite. Así, conseguirá más tiempo para continuar haciendo lo que quiere y librarse de lo que le pedimos.

Si continuamos de esa manera, cada vez será más difícil que nos haga caso. Al final, llegamos hasta tal punto, que asumimos sus responsabilidades y no les enseñamos a ser autónomos. Acabamos metiéndonos en una pelea diaria que vemos perdida. Pero, nunca es tarde para empezar a cambiarlo.

¿Qué puedo hacer para que me obedezca?

  • Llámale la atención. Hay que conseguir que el niño nos preste atención cuando le estamos dando la orden. Por ello, debemos evitar gritar las órdenes de una habitación a otra y llamar su atención de alguna manera. Por ejemplo: ponerse delante de él para hablarle, pedir que te mire mientras le estás hablando.
  • No seas impreciso. Hay que evitar dar órdenes imprecisas como “Pórtate bien,” o “Ten cuidado”. Puede haber una gran diferencia entre la manera en que el padre y el niño interpretan lo que es “portarse bien.” Debemos asegurarnos de que las órdenes son claras y específicas.
  • No hagas preguntas. Hay que evitar dar la orden como si fuera una pregunta, ya que les damos el privilegio de elegir si quieren obedecer o no. Por ejemplo, no digas “Juan, ¿te parece bien recoger tu habitación ahora?” sino “Juan, ve a recoger tu habitación”.
  • Dile lo que tiene que hacer, en lugar de lo que no tiene que hacer. Por ejemplo, es mejor decir “Recoge la ropa que está en el suelo de tu habitación” en lugar de “No dejes la ropa tirada por el suelo”.
  • No le des excesivas órdenes al mismo tiempo. El niño debe acostumbrarse a recibir solamente 1 ó 2 órdenes para obedecer al mismo tiempo.
  • La exigencia a obedecer debe ser gradual. Hay que empezar por órdenes o situaciones en las que sea más fácil que el niño obedezca. Después, se irá aumentando poco a poco la complejidad. Por ejemplo: ¡Pásame la revista, por favor!, puede ser una orden más fácil de obedecer para el niño que “Recoge la mesa”.
  • Informa al niño de los progresos que va realizando en su obediencia. Para ello, puede ser muy útil registrar cuántas veces obedece al día (“Como has obedecido 10 veces a la primera, esta semana podrás…”).
  • Elógiale. Es importante reforzar y elogiarles cuando cumplen las órdenes a la primera, haciéndoles saber que nos gusta que tenga esa actitud.

Y, si continúa sin hacerme caso, ¿Qué hago?

Puede ocurrir que, a pesar de aplicar las recomendaciones anteriores, el niño continúa sin hacernos caso. No debemos rendirnos, debemos seguir intentándolo. Te explicamos cómo a continuación.

  1. No repitas las órdenes. Las órdenes se pueden repetir hasta un máximo de 3 veces. Los niños pueden aprender a obedecer después de la primera advertencia, de la misma manera que pueden aprender a obedecer después de cinco o seis. Por ello, en un principio se podrán repetir las órdenes hasta tres veces, pero esto se irá reduciendo en cuanto lo vayan cumpliendo hasta que obedezcan a la primera.
  2. Establece un límite de tiempo. Dale un tiempo máximo para obedecer a la orden que le has dado. Después de ese tiempo, no podrá ser reforzado por hacer lo que se le ha pedido previamente.
  3. Aplica consecuencias si no se cumple con la orden. A partir de la tercera orden en la que ha desobedecido, ya debe recibir la consecuencia por ello. Por ejemplo: no hacerle caso hasta que obedezca.
  4. No cambies las recompensas. Una vez establecidas las recompensas que va a recibir por aumentar su conducta de obediencia, no podemos cambiarlas en función de nuestro estado emocional. A pesar de que no nos haga caso, si tenemos claro que lo que le hemos ofrecido por obedecer es algo que le gusta y establecemos situaciones iniciales en las que sea fácil que obedezca, finalmente intentará conseguirlo.
  5. Continúa con tu planteamiento aunque no parezca funcionar al principio. Cuando acostumbramos al niño a algo y, de repente lo cambiamos, le suena raro. Por ello, probará a seguir intentando comportándose de la misma manera en un inicio para ver si las cosas siguen igual. Tenemos que continuar siendo consistentes con las consecuencias que hemos decidido aplicar y comportándonos igual en estas situaciones. Así, enseñaremos al niño que no es algo puntual, sino que van a ser así las cosas a partir de ahora, aunque intente retarnos.

 

A veces, estamos tan metidos en la situación conflictiva que es difícil ver dónde se deben hacer los cambios. Si crees que necesitas ayuda porque tu hijo no te obedece o se porta mal, en Ideum Psicología podemos ayudaros. Aprovecha nuestra primera consulta gratuita para que te asesoremos y te expliquemos cómo. Entre todos podemos hacer que todo cambie.

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