Mi hijo no hace caso, no deja el móvil y discutimos todo el día: ¿cuándo pedir ayuda? – Psicólogo adolescente en Rivas

Mi hijo no hace caso, no deja el móvil y discutimos todo el día: ¿cuándo pedir ayuda? – Psicólogo adolescente en Rivas

Hay momentos en la crianza en los que sentimos que todo se convierte en una batalla: recoger la habitación, apagar el móvil, hacer los deberes, respetar horarios, hablar sin gritos, cumplir normas o simplemente poder mantener una conversación sin terminar discutiendo.

Muchas familias llegan a consulta con frases como:

“Mi hijo no hace caso.”
“Está todo el día con el móvil.”
“No puedo hablar con él sin que se enfade.”
“Parece que todo le molesta.”
“Le castigo y sigue igual.”
“Ya no sé si esto es normal o si necesitamos ayuda.”

Y la realidad es que no siempre es fácil diferenciar entre una etapa evolutiva esperable y una situación que necesita acompañamiento profesional.

En la infancia y la adolescencia aparecen cambios importantes en la forma de relacionarse, comunicarse, gestionar emociones y responder a los límites. Pero cuando el conflicto se repite, la convivencia se desgasta o sentimos que hemos perdido la conexión con nuestro hijo o hija, puede ser un buen momento para parar y pedir orientación.

Cuando “no hace caso” quizá no es solo desobediencia

Muchas veces interpretamos la conducta de nuestros hijos desde lo que vemos: no obedece, contesta mal, se encierra, se enfada, no estudia, miente o desafía las normas.

Pero detrás de una conducta puede haber muchas cosas: dificultad para regular emociones, necesidad de autonomía, ansiedad, baja autoestima, problemas con compañeros, sobrecarga académica, inseguridad, tristeza, impulsividad, dificultades atencionales o simplemente una forma poco adaptativa de expresar que algo no va bien.

Esto no significa justificarlo todo ni dejar de poner límites. Los límites son necesarios. Pero entender qué hay detrás de la conducta ayuda a intervenir mejor.

No es lo mismo un adolescente que desafía una norma porque está buscando autonomía, que uno que está irritable porque se siente desbordado, que otro que se evade con el móvil porque no sabe cómo gestionar lo que le ocurre.

El móvil: una de las grandes fuentes de conflicto en casa

El uso del móvil, las redes sociales y los videojuegos es una de las preocupaciones más frecuentes en las familias.

A veces el problema no es solo cuánto tiempo pasa con la pantalla, sino todo lo que ocurre alrededor: discusiones constantes, mentiras sobre el uso, dificultad para parar, bajada del rendimiento académico, aislamiento, irritabilidad cuando se le retira el dispositivo o abandono de actividades que antes disfrutaba.

Antes de convertir el móvil en el único enemigo, conviene preguntarnos:

¿Qué está encontrando ahí que le cuesta encontrar fuera?
¿Conecta con sus amigos principalmente a través del móvil?
¿Lo usa para evadirse?
¿Tiene otras actividades que le resulten agradables?
¿Hay normas claras y sostenidas en casa?
¿Los adultos también estamos revisando nuestro propio uso de pantallas?

En consulta trabajamos mucho con las familias para que las normas no dependan solo del enfado del momento, sino de acuerdos claros, límites realistas y una comunicación más calmada.

“No puedo hablar con mi hijo sin discutir”

Esta es una de las señales que más desgaste genera.

A veces la familia siente que cualquier tema acaba en discusión: estudios, horarios, amigos, higiene, móvil, tareas de casa, ropa, salidas… Poco a poco, se empieza a hablar solo de lo que va mal. Y cuando la comunicación se reduce a correcciones, reproches o advertencias, es normal que el adolescente se cierre más.

En la adolescencia, además, necesitan diferenciarse de sus padres. Esto puede generar respuestas más bruscas, distancia o necesidad de intimidad. Pero diferenciarse no debería significar vivir en una guerra constante.

Cuando la relación está muy dañada, puede ser necesario crear un espacio terapéutico donde entender qué está pasando, ayudar al adolescente a expresar lo que siente y acompañar a la familia para recuperar formas de comunicación menos reactivas.

Señales de que puede ser buen momento para pedir ayuda

No hace falta esperar a que la situación sea insostenible para consultar. A veces una primera orientación ayuda a ordenar lo que está ocurriendo y decidir si es necesario iniciar terapia o si basta con algunas pautas familiares.

Puede ser recomendable pedir ayuda si observáis varias de estas señales:

  • Las discusiones son cada vez más frecuentes o intensas.
  • Sentís que ya no podéis hablar sin terminar enfadados.
  • El uso del móvil, videojuegos o redes está afectando a la convivencia, al descanso o a los estudios.
  • Hay cambios importantes en el estado de ánimo: tristeza, irritabilidad, apatía, explosiones de rabia o aislamiento.
  • Ha bajado mucho el rendimiento académico o evita ir al colegio/instituto.
  • Se muestra muy ansioso, preocupado o bloqueado.Ha dejado de disfrutar de actividades que antes le gustaban.
  • Hay problemas de sueño, alimentación o somatizaciones frecuentes.
  • La familia siente que ya ha probado muchas estrategias y ninguna funciona.
  • El adolescente dice que está mal, aunque no sepa explicar por qué.

También es importante pedir ayuda cuanto antes si aparecen autolesiones, comentarios relacionados con no querer vivir, consumo de sustancias, conductas de riesgo o cambios muy bruscos en su forma de estar.

Qué podéis empezar a hacer en casa

Aunque cada familia necesita una orientación ajustada a su situación, hay algunas pautas que pueden ayudar:

1. Elegir bien el momento para hablar

Si intentamos hablar en pleno enfado, es más probable que acabemos discutiendo. A veces es mejor esperar, bajar la intensidad y retomar la conversación cuando todos estemos más calmados.

2. Escuchar antes de corregir

No significa estar de acuerdo con todo. Significa intentar entender qué le pasa antes de entrar directamente en el reproche. Un adolescente que se siente constantemente juzgado suele cerrarse más.

3. Poner límites claros y sostenibles

Los límites funcionan mejor cuando son concretos, realistas y se mantienen en el tiempo. Si las normas cambian según el cansancio o el enfado del día, es más difícil que se interioricen.

4. Cuidar la relación fuera del conflicto

A veces necesitamos recuperar espacios donde no todo sea hablar de obligaciones. Compartir pequeños momentos agradables también forma parte del trabajo familiar.

5. Revisar nuestras propias respuestas

Cuando una situación se repite mucho, es fácil entrar en piloto automático: gritar, amenazar, castigar, sermonear o rendirse. En terapia también ayudamos a las familias a identificar esos patrones para poder cambiarlos.

¿Y si mi hijo no quiere ir al psicólogo?

Es bastante habitual que un adolescente no quiera acudir a terapia al principio. Puede vivirlo como un castigo, como una etiqueta o como algo que confirma que “el problema es él”.

Por eso es importante cómo se plantea.

En lugar de decir “te vamos a llevar al psicólogo porque te portas mal”, puede ayudar más transmitir algo como:

“Estamos viendo que en casa estamos discutiendo mucho y queremos buscar ayuda para entendernos mejor.”
“No se trata de culparte, sino de que podamos estar mejor todos.”
“Podemos tener una primera sesión para valorar qué nos recomiendan.”

En Ideum Psicología damos mucha importancia a que el adolescente pueda sentirse respetado y escuchado. La terapia no consiste en que los padres lleven al profesional una lista de quejas para que “arregle” al adolescente, sino en comprender qué está pasando y trabajar con la familia de forma coordinada.

Cómo trabajamos en Ideum Psicología en Rivas

En Ideum Psicología acompañamos a niños, adolescentes y familias desde un enfoque cercano, profesional y personalizado.

Cuando una familia consulta por dificultades de conducta, uso del móvil, conflictos en casa, ansiedad, problemas escolares o cambios emocionales, lo primero es entender bien la situación. Para ello, solemos comenzar con una primera sesión de orientación gratuita, donde escuchamos el motivo de consulta, resolvemos dudas y valoramos cuál puede ser la mejor forma de ayudar.

A partir de ahí, según el caso, puede ser recomendable iniciar un proceso de psicología adolescente, realizar algunas sesiones de orientación familiar, coordinar con el colegio o valorar si hay dificultades atencionales, emocionales o de aprendizaje que requieran una evaluación más específica.

En algunos casos, además, contar con un equipo que también dispone de neuropsicología y psiquiatría permite ofrecer una mirada más completa y coordinada.

Puedes conocer más sobre nuestro servicio de psicología adolescente en Rivas o sobre el área de neuropsicología en Rivas si sospechas que puede haber dificultades de atención, aprendizaje o funciones ejecutivas.

Pedir ayuda no significa haber fallado

Muchas familias esperan demasiado porque sienten que pedir ayuda significa que no han sabido hacerlo bien. Pero acudir a orientación psicológica no es un fracaso. Al contrario: muchas veces es una forma de cuidar la relación, comprender mejor a nuestro hijo o hija y encontrar herramientas antes de que el malestar se haga más grande.

Si en casa sentís que todo se ha convertido en una discusión, que el móvil ocupa demasiado espacio o que ya no sabéis cómo acercaros a vuestro hijo sin que se cierre o explote, quizá sea buen momento para consultar.

En Ideum Psicología, en Rivas, podemos ayudaros a entender qué está ocurriendo y valorar juntos el mejor camino.

Rosa M. Pérez Marín
Psicóloga sanitaria
Ideum Psicología

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